
Perdóname, te herí. De un momento a otro confundí quien soy, quien fui, me perdí entre el ruido de la ciudad, la sociedad, la suciedad. Perdóname, pues, perdí el contacto con mi alma, mi ser, la piel se convirtió en un mecanismo controlado por lo irracional, lo inmoral. La melodía del mediodía en mi se escondió, se deshizo, se destruyó, deje de ser yo para ser otro, deje de ser alguien para ser nadie. Perdóname, aunque las palabras no bastarán para disolver la memoria, para destruir el recuerdo, el rencor.
