27 de mayo de 2008

Anhelo

Me acerqué. Su melena negra y sus ojos deslumbrantes me llamaron la atención desde la lejanía en la que me encontraba. Mientras me acercaba, logre apreciar sus labios de carmín, su sonrisa fulgorosa. La aroma de su perfume era suave, casi palpable, su voz era melódica, como un cantar al mediodía.

“Buenas tardes” – le dije.

“Buenas tardes, ¿en que puedo servirle?” – contestó, su sonrisa se mostraba simpática.

“Quisiera un café, pulgada y pulgada. Mi nombre es José.” – le contesté entusiasmado.

“Muy bien. Un café regular a nombre de José. Saldrá en unos minutos.”

Me retiré suavemente, sonriente hacia su rostro de ángel. Esperé mi café pacientemente, admirando su enigmática e interesante persona. Su piel estaba enrojecida, un color rosa sobre su piel blanca, lo cual hacia que la mirada se enfatizará en sus labios carmín. Recibí mi café de sus manos con sumo entusiasmo, acariciando sus dedos tibios.

“Aquí está su café” – dijo.

“Muchas gracias. Por motivos de curiosidad, ¿cuál es su nombre?” – le contesté.

“Deborah. Ha sido un gusto servirle.” – contestó, demostrando su brillante sonrisa.

Se retiró lentamente de donde estaba, pero antes, viró su cabeza con una sonrisa caprichosa. Yo reí y la mire directamente a los ojos, demostrando una tibia simpatía hacia su ser. Yo sabía que quería amarla, vivirla, tocarla, pero, la misteriosa calma que vivía dentro de mí me previó de hacerlo. Quería conocerle, besarle, abrazarle, saber todos los secretos que sus pechos guardaban, todos los misterios que sus labios ocultaban. Pero no, la razón pudo más que mi caprichoso corazón, supe que el interés de mi piel en su piel, que el deseo de mis labios en los suyos, era sólo un acontecimiento inmediato que saciaría luego de no verle más.

Me retiré de donde me encontraba. Al pasar las horas supe cuan equivocado estuve en marcharme, en no hablarle, confesarme. El corazón latía rápidamente, la razón me contradecía y la memoria me traicionaba. No era sólo un capricho, no era sólo un simple interés, era mucho más que eso. Era un misterio, era lo reconocido pero lo desconocido, era ese deseo latente de conocer lo prohibido, de amar lo querido.

Nunca supe su sabor, nunca conocí su olor, su pasión, lo único que logré guardar fue la memoria y el deseo tras ella.

14 de abril de 2008

Introspección


Perdóname, te herí. De un momento a otro confundí quien soy, quien fui, me perdí entre el ruido de la ciudad, la sociedad, la suciedad. Perdóname, pues, perdí el contacto con mi alma, mi ser, la piel se convirtió en un mecanismo controlado por lo irracional, lo inmoral. La melodía del mediodía en mi se escondió, se deshizo, se destruyó, deje de ser yo para ser otro, deje de ser alguien para ser nadie. Perdóname, aunque las palabras no bastarán para disolver la memoria, para destruir el recuerdo, el rencor.

Un monologo trágico, un escrito dramático, ilógico, me servirá de instrumento para alcanzarte, alcanzarme. Me distanciaré sin propósito pero apropósito, para hacer de mi algo mejor para ti, y así, poder alcanzarte, alcanzarme. Volaré sin despegarme de la tierra, pero, lejano de ella, ajeno a ella, a ti, a mí. Haré un sujeto nuevo, pero, sujeto a lo posterior, al alma que añoras, añoro.

Seré libre, seré prisionero, pero, no dejaré de ser yo para ser otro, no dejaré de ser alguien para ser nadie.

11 de diciembre de 2007

Amor entre líneas

Comienza por tu pelo, suave y ondulado, recorriéndolo hasta llegar a tu rostro, tus ojos, tu nariz, tu boca, susurro un par de palabras a tus oídos y te he de sumergir en los movimientos de mis dedos desesperados. Me despego de ti, tus ojos fijados en los míos, los cierro. Sientes mi cuerpo como se desliza sobre el tuyo, como mis manos se atraen por la suavidad de tus pechos y tu vientre; estoy sumergido en ti, en tu piel, en tu intimidad. Tus músculos se contraen violentamente, sientes mi calor, sientes mi respiración, suspiras suavemente a la nada y sonríes, tu sonrisa de ángel, brillante como la luz del sol.

4 de diciembre de 2007

¿Qué pasará?, ¿qué pasará?...

Esperaré, pues, no me queda de otra, que el tiempo y el destino estén a mi favor. Soy un humano y se que la destreza de vivir no lo es todo, también la suerte juega su parte. No digo que quiero disfrutar de una vida perfecta sin sufrimiento, pero, sí quiero disfrutar de una vida con el sufrimiento adecuado para crecer de una manera positiva, sin excesos de malos momentos, experiencias, acontecimientos. Pero ahora: ¿Quién dice que el destino me escuchará?, ¿le importarán mis reclamos? Lo dudo, pues para palabras necias, oídos sordos, y yo sigo siendo un necio, un loco que habita este mundo sin saber que pensar, que dudar. Y el tiempo, ¿irá más lento por mi salvación?, ¿sabrá repartirse de manera correcta ante cada situación? Pues no sé, pero, esperaré la respuesta tan pronto amanezca.

2 de diciembre de 2007

Una vaga memoria

Todavía me acuerdo de tu mirada perturbadora, de tu voz inquietante y tus falsas sonrisas. Sí, todavía me acuerdo de ti, de cómo eras, de cómo lucías, de todo elemento que te componía. Siempre solías andar proyectando cierta seguridad, nada te podía herir, nada podía intervenir en tu camino. Me acuerdo tanto de ti que a veces juro todavía tenerte a mi lado, que nunca te fuiste de mí y yo nunca me fui de ti, pero no, no es así…

La emoción estaba ausente, como la mirada de la Mona Lisa. Ya nada quedaba, sólo un abismo, sólo el resentimiento de lo que nunca se hizo. Esperábamos un milagro, un milagro que nunca llegó, un milagro que nunca nos encontró. Éramos como los perros bajo el manto de un amo desencantado, esperando las caricias de la pureza, de la inocencia, las cuales nunca llegaban, nunca nos encontraban. Ya no podíamos distinguir la primavera del invierno, ni lo puro de lo indiscreto, era todo un frío eterno. Las palabras ya eran sólo silabas y vocales que no emitían ningún mensaje concreto, eran las cenizas de lo que una vez era, de lo que habíamos destruido consumiendo el tiempo como villanos en la noche. Éramos sólo eso, villanos…

No quedo ningún espasmo después del dolor, el rencor desvaneció como agua en el desierto al decir adiós. No quedaba nada, sólo la historia, sólo la memoria. El llanto se convertiría en risa y el mundo volvería a florecer nuestras sonrisas…