2 de diciembre de 2007

Una vaga memoria

Todavía me acuerdo de tu mirada perturbadora, de tu voz inquietante y tus falsas sonrisas. Sí, todavía me acuerdo de ti, de cómo eras, de cómo lucías, de todo elemento que te componía. Siempre solías andar proyectando cierta seguridad, nada te podía herir, nada podía intervenir en tu camino. Me acuerdo tanto de ti que a veces juro todavía tenerte a mi lado, que nunca te fuiste de mí y yo nunca me fui de ti, pero no, no es así…

La emoción estaba ausente, como la mirada de la Mona Lisa. Ya nada quedaba, sólo un abismo, sólo el resentimiento de lo que nunca se hizo. Esperábamos un milagro, un milagro que nunca llegó, un milagro que nunca nos encontró. Éramos como los perros bajo el manto de un amo desencantado, esperando las caricias de la pureza, de la inocencia, las cuales nunca llegaban, nunca nos encontraban. Ya no podíamos distinguir la primavera del invierno, ni lo puro de lo indiscreto, era todo un frío eterno. Las palabras ya eran sólo silabas y vocales que no emitían ningún mensaje concreto, eran las cenizas de lo que una vez era, de lo que habíamos destruido consumiendo el tiempo como villanos en la noche. Éramos sólo eso, villanos…

No quedo ningún espasmo después del dolor, el rencor desvaneció como agua en el desierto al decir adiós. No quedaba nada, sólo la historia, sólo la memoria. El llanto se convertiría en risa y el mundo volvería a florecer nuestras sonrisas…

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