2 de diciembre de 2007

Historias en un carril

1.

Andaba distraída de sus alrededores ya que estaba muy concentrada en un objeto que tenía en la mano. A veces miraba a los lados, pero en sus ojos se mostraba el desinterés que tenia de lo que la rodeaba. Noté que tampoco estaba muy atenta a los sonidos que iban y venían, y por lo que he experimentado, son ruidos bastante fuertes y desagradables. Jugaba en su aparato un juego de baloncesto, cosa que me sorprendió ya que se veía como una chica muy delicada, desinteresada en el fanatismo de los deportes y todo lo relacionado a ello. Escuchaba el juego mediante unos “headphones” que llevaba puestos en ambos oídos, se veía muy entretenida.

2.

Era una pareja de compañeros, al parecer de alguna clase de español o literatura. Ella discutía sobre una novela que tenían asignada para alguna clase, él la escuchaba y brindaba su explicación, pero se dedicaba más a escucharla. Hablaban sobre una novela que al parecer tenia un tema muy fuerte sobre el sexo en los jóvenes, él decía unos pequeños pensamientos y ella los elaboraba. No logré ver muy bien como se miraban, pero, por lo que pude apreciar, noté que él estaba muy interesado en ella. Ella se fue antes, y de repente, la tristeza se veía claramente en sus ojos. Miraba a todos lados, no sé para qué, me imagino que para desconcentrarse, buscando consuelo en dicha acción. Sentí pena, tenía facha de estos hombres que sienten temor de decirle sus sentimientos a una mujer, por rechazo, por desinterés, por cualquier razón que él pueda tener y no se atreve a sobrepasar.

Saco su “iPod”, se puso sus “headphones” y andado se fue al espacio de la tristeza, de la soledad. Yo lo miraba disimuladamente, veía, sentía lo que él sentía, pensaba y deseaba, me identificaba. En un momento de mi vida fui como él, tímido, introvertido, temeroso de lo que me esperaba si lograba hacer todo lo que quisiese. Quería hablarle, decirle que no tuviera miedo, sentía seguridad de que eso era lo que le pasaba, miedo, el cruel y frío miedo de la vida, el que penetra tu piel e invade tus venas. No me atreví, no porque era mayor que yo o simplemente más obeso, sino porque temía que mis consejos empeoraran su situación, que usara las palabras equivocadas y él no lograra entender y fuera a hacer algo ilógico con su vida.

3.

Eran muchas las personas que estaban presentes allí, rostros de soledad, desconsuelo, pero, también, personas felices mirando los alrededores como si fuera la primera vez que los miraban, dentro de ese grupo de personas me incluyo. Detenidamente miraba los rostros interesantes, el idioma no hablado de todos los cuerpos en letargo, tratando de descifrar cada pensamiento, preocupación, que corría por todas las mentes presentes. Era como un niño pequeño en presencia de algo nuevo, innovador, única diferencia era que he estado en ese lugar innumerables veces. La vida a veces se torna en un sueño y se hace con ella una nueva ilusión.

4.

Llegue a mi destino. La estación Martínez Nadal, la central se podría decir ya que justo al lado se encuentran todos los almacenes de trenes que se han guardado por cualquier razón gubernamental, tecnológica o económica que se puedan imaginar. Me baje del tren, calmado, relajado, pensando en todo lo que había visto en esos once minutos curiosos. Pensé también en mi vida, en lo que haré cuando suba las escaleras eternas de la estación, en que mi novia me esperaba allá arriba con una sonrisa en su mirada. Con una sonrisa miré el tren mientras se marchaba y yo caminando en la dirección opuesta.

5.

Subí las escaleras, mi mente se limpio de todo pensamiento al ver su rostro. Me monté en el carro y seguí mi marcha hacia un nuevo rumbo, una nueva historia.

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