Comienza por tu pelo, suave y ondulado, recorriéndolo hasta llegar a tu rostro, tus ojos, tu nariz, tu boca, susurro un par de palabras a tus oídos y te he de sumergir en los movimientos de mis dedos desesperados. Me despego de ti, tus ojos fijados en los míos, los cierro. Sientes mi cuerpo como se desliza sobre el tuyo, como mis manos se atraen por la suavidad de tus pechos y tu vientre; estoy sumergido en ti, en tu piel, en tu intimidad. Tus músculos se contraen violentamente, sientes mi calor, sientes mi respiración, suspiras suavemente a la nada y sonríes, tu sonrisa de ángel, brillante como la luz del sol.

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